Se nos muere la Radio?

Este no es un post sobre consejos para arreglar la Tonomac que se le cayó al abuelo cuando iba al baño. Es más que nada una pregunta. No, es más que nada una preocupación.

El martes a la mañana salgo de dar clase, pongo Black & Toc (Radio Con Vos, 89.9) y la agarro a Elizabeth Vernaci explicando que le recortaron el presupuesto, que le dijeron que iban a despedir a su co-equiper, y que ella decidió irse con él. ¿Por qué? “Porque esto es pan para hoy y hambre para mañana, si accedo a que caiga Humberto (Tortonese) mañana es otro del equipo. Y así.”

La desvinculación de Vernaci cae arriba de la pila que forman la eliminación de la programación de Blue FM, los despidos de Del Plata, los recortes en Radio Nacional y tantos otros. Se dice que esto responde a una voluntad por acallar voces opositoras, y puede ser. No obstante, me tiene preocupada otra cosa más amplia, y que tiene que ver más con el soporte que con la coyuntura.

Hace un par de años lo escuché a Mario Pergolini hablando de tráfico, audiencias y otras cuestiones que investiga en su consultora. En ese momento dijo que “ya no hay nadie de menos de 35 años escuchando la radio”, y que el negocio está en otro lado. La verdad que, en ese momento, no le di mucha bola al asunto.

Se murió el papel, los portales de noticias agonizan porque no encuentran un modelo de negocios sustentable…todo eso lo sabía y lo acepté. La tele para mí está muerta desde el 2004, último año en que hubo un aparato en mi casa. ¿Pero la radio? Eso sí que me preocupa, porque me interpela desde muchos lugares: como oyente, como sujeto de derechos (a la información), como estudiante de Ciencias de la Comunicación.

La radio siempre me pareció el soporte más eficiente para informarse: podés escucharla en la calle mientras caminás, en el trabajo, en tu casa mientras hacés otras cosas; es lo más compatible con Internet y las redes sociales que tenemos; entra muchísimo más contenido que en la tele, y por eso es tanto más ágil.

Volviendo a Pergolini, el otro día me puse a preguntar en Instagram quiénes escuchaban radio y qué edades tenían. Habrán respondido unas 50 personas, ponele, y de los/las sub-35 un 60% no escuchaba radio. Yo tengo 36, y me informo por este medio desde los 25 aproximadamente (antes la usaba solamente para escuchar música). A veces es difícil imaginarse las cosas de una manera distinta a la que personalmente practicamos, pero parece que en esta dirección se están moviendo las cosas: ahora el contenido emerge de las redes sociales y la radio lo levanta, no a la inversa.

Volviendo a lo que nos ocupa, y me preocupa: la radio no tiene por qué quedar obsoleta. Por sus características, sigue siendo algo muy compatible con los tiempos que corren. El tema es que las emisoras como empresas ya no quieren pueden sostener dignamente el negocio, y hacen estas limpiezas tan tremendas como la que resultó en el levantamiento de toda la programación de Blue FM o el despido de Vernaci. Se dice que no hay dinero porque no hay audiencia, sobre lo cual me permito dudar: Gente Sexy, hasta el momento mismo del cese de emisiones, era un programa con la legión de seguidores más fiel (y joven) de la radio actual. Y lo levantaron igual.

Entonces: donde había una emisora con un dueño, ahora hay una empresa que ante cualquier contrariedad se las toma y queda debiendo todos los sueldos. Donde había programas, ahora hay podcasters que se las tienen que arreglar para conseguirse los auspiciantes porque ya no los protege una relación de dependencia. Las voces disidentes que desaparecieron del aire tienen hoy los medios que antes no había para expresarse, eso es verdad: pueden tener su canal de YouTube, o abrir su portal, y esto es una ventaja. Pero estos comunicadores profesionales ahora tienen que encontrar una forma de sostenerse, de no hacer gratis la tarea que antes se les pagaba por hacer.

Perder los espacios radiales es perder mucho. No sólo pierden los que pierden sus fuentes de trabajo, sino que perdemos los sujetos de la información (a saber, todos nosotros). Si solamente va a quedar YouTube en una especie de todos contra todos, compitiendo por una monetización de miseria, estaremos al horno todos: los comunicadores…y los incomunicados.

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